sábado, 10 de mayo de 2025

"De espectadores a managers: La evolución de la implicación parental en las extraescolares"

El fin de semana pasado estuve acompañando a mi hija en el concurso nacional de danza celebrado en Burgos. Sentado en la butaca del auditorio, mientras observaba cómo se llenaba de padres y madres nerviosos por ver actuar a sus hijos, me asaltó una reflexión: ¿Cómo ha cambiado en 40 años el papel de los padres en las actividades extraescolares?


Cuando yo tenía la edad de mi hija, los padres eran prácticamente invisibles. Ahora, en cambio, intentan estar presentes en cada momento del proceso: organizan la logística, graban cada paso y hasta opinan sobre los métodos de enseñanza.  


En los 80 —sin móviles ni horarios rígidos—,los espacios deportivos estaban abiertos hasta el anochecer. Los niños volvían solos a casa, y las familias no vivían pendientes de horarios estrictos. En mi caso, me tiraba horas en la pista del colegio entrenando o viendo como lo hacían otros. Cuando quedaba la cancha libre, aunque fuera unos minutos, jugaba con mis compañeros. Volvía a mi casa antes de la hora que tenía limitada. Mis padres sabían dónde estaba y no se preocupaban porque estaba haciendo deporte. Recuerdo que mi padre solo fue a verme jugar una vez (¡fue mi debut en la categoría nacional y marqué 4 goles!). Los padres no intervenían o lo hacían poco.


Con los años, empezaron a aparecer padres en las gradas. Primero como meros observadores, luego hablando entre ellos, después dando instrucciones desde la banda. 


Y llegamos a hoy: grupos de WhatsApp, vídeos para analizar errores en casa y, en algunos casos, forman parte de los equipos como delegados, entrenadores, directivos…


Cabe preguntar por qué esta evolución. Varios son los motivos, entre ellos, estos:


1. Conciliación laboral: Con ambos padres trabajando, el poco tiempo disponible se vive intensamente. Se crea el concepto de "tiempo de calidad" —que, en mi opinión, a menudo esconde cierto sentimiento de culpa por no poder estar más— convierte las extraescolares en focos de atención familiar al ser centro de interés del hijo, llegan a ser algo así como  "guarderías de alto rendimiento"


2. Espacios restringidos: Las canchas abiertas han dado paso a pabellones con horarios fijos. El tiempo de actividad está agendado y tanto los padres como los hijos deben ajustarse a rutinas estrictas.  Esto concentra a los padres sobre todo a las salidas por lo que se crean grupos que habla del interés común que es la extraescolar.


3. Redes sociales: Exhibir los logros de los hijos se ha convertido en una forma de reconocer lo bien que se educa al niño. Hay que grabarlo todo y compartirlo.


Creo que se impone hacer una reflexión:


Las extraescolares deberían ser, ante todo, un espacio donde los hijos:  

- Se evadan de la rigidez académica.  

- Disfruten de lo que les apasiona.  

- Aprendan de sus errores sin miedo a equivocarse.

- Reciban formación de especialistas que inspiren.


El papel del adulto no debería ser gestionar su tiempo libre, sino de animar, de acompañar y no agobiar. No se trata de volver al pasado, sino de encontrar un equilibrio: ser el apoyo que sostiene, respetando su espacio. 

Escuchar más y responder cuando tengan preguntas. Estar ahí, presente.


#Extraescolares #Hiperpaternidad #Educación #Conciliación #Reflexión

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